Hace ya algún tiempo que la preocupación por la viabilidad del sistema de pensiones estatal está alcanzando niveles socialmente elevados, sobre todo a medida que vamos conociendo que la denominada «hucha de las pensiones» está a punto de agotarse. Es por ello que se están debatiendo fórmulas alternativas de financiación que, dado el envejecimiento de la población, difícilmente podrán garantizar a largo plazo el sistema actual.

En este sentido, y para favorecer el ahorro privado, la reforma fiscal que entró en vigor el 2015 ya preveía hacer más atractivas las aportaciones a planes de pensiones privados, flexibilizando la posibilidad de recuperar los capitales en 10 años desde la fecha de la aportación, sin tener que cumplir más requisitos.

No podemos obviar, por otra parte, dos factores que pueden afectar a los beneficios fiscales de los planes de pensiones:

– Uno de endógeno, ya que, si bien las aportaciones a planes de pensiones desgravar en el IRPF, su recuperación en el momento de la jubilación tributará como rendimiento del trabajo.

– Otro de exógeno, ya que la incertidumbre política actual pone en entredicho la continuidad de este régimen de incentivos, al menos como los conocemos actualmente.

 

Pese a lo anterior, respecto de la primera objeción, hay que decir que, si bien el efecto ahorro no está garantizado en todos los casos, hay mecanismos de diseño de las aportaciones que sí permiten conseguir ahorro real, tanto por la vía de la selección del producto donde invertir, como por la vía de la selección del momento, las cuantías y los beneficiarios de las aportaciones, en base a las expectativas financieras futuras del contribuyente.

Y respecto de la segunda objeción, debemos tener en cuenta que, por una cuestión de seguridad jurídica, es de prever que cualquier cambio legislativo no afectará al régimen de las aportaciones ya realizadas.

Para poder aplicar estos incentivos a la declaración de renta de 2018, hay que hacer las aportaciones pertinentes antes del próximo 31 de diciembre. No obstante, y visto que hay que ser cuidadoso en el análisis porque realmente las aportaciones nos conlleven un beneficio más allá del simple diferimiento de tributación, Grupo Gestión ofrece a sus clientes, a través de equipos multi-disciplinares, el asesoramiento necesario a la hora de:

  1. a) Valorar la conveniencia financiera-fiscal de hacer aportaciones (periódicas o puntuales) a planes de pensiones.
  2. b) Elegir el producto más adecuado a sus circunstancias personales (edad, ingresos), y en su perfil inversor (conservador, moderado, arriesgado).
  3. c) Planificar de caras a futuro la estrategia a seguir para que su rescate resulte lo menos gravoso posible desde el punto de vista fiscal.
  4. d) Hacer una gestión activa de los planes de pensiones existentes, analizando la posibilidad de hacer traspasos de plano en función de las circunstancias y necesidades del cliente, que permitan maximizar la rentabilidad financiera del propio plan.

 

Nadie puede asegurar cómo se comportarán las pensiones públicas en el futuro, pues se trata de un asunto de profundo calado político y demoscópico. Pero sí es cierto que confiar en una compañía privada solvente como complemento a su jubilación, es una decisión más que sensata, en unos tiempos en que la incertidumbre y la volatilidad son el pan de cada día.