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El consumo privado empieza a repuntar significativamente. Todo apunta a que, por segundo año consecutivo, las ventas minoristas en el conjunto del Estado aumentarán, i en el caso del año 2016, la subida puede llegar a superar el 4%.

Delante esta coyuntura, encarando final de año y la campaña de Navidad, que será clave para muchos comercios a la hora de evaluar la realidad de la mejora del consumo, hay un hito importante para los comerciantes, el denominado Black Friday, que teóricamente corresponde al próximo viernes 25 de noviembre, pero que en la mayoría de establecimientos se está aplicando durante esta misma semana.

Se trata de una tradición muy vinculada a los EUA, y su ubicación en el calendario obedece a razones puramente económicas. Es el día después de la fiesta de “Acción de Gracias”, y significa el comienzo de la campaña navideña, con importantes descuentos. El adjetivo “black” responde, según algunos, a que es el punto de inflexión que permite a muchos negocios pasar de números rojos a negros; según otros, el nombre es debido al caos producido en la ciudad de Nueva York como consecuencia de la vorágine de consumo originada por el evento.

Esta tradición comercial no llegó a España hasta el año 2010, precisamente en un momento muy delicado desde el punto de vista económico, con la crisis económica i financiera en plena expansión y las principales magnitudes macroeconómicas en caída libre.

Hoy nos encontramos, además del Black Friday, con el Cyber Monday, que se centra en las compras on-line, alargando la campaña de compras masiva también el fin de semana comprendido entre las dos fechas.

Sea como fuere, todo apunta a que esta tradición ha venido para quedarse, y del cierto ha resultado un buen ajusto para los comercios, ya que a parte de incentivar el consumo, ha permitido avanzar el comienzo de la campaña de Navidad.